Llovía... Fue lo único que pude pensar para mi escrito mientras salía de la cantina llamada "Gitanerías", acompañando a Don Chuy, llevándolo a su casa pues estaba muy borracho y no podía caminar, llevaba un brazo de Don Chuy por encima de mis hombros y lo sostenía con mi otro brazo por la cintura para que no se me cayera, Don Chuy estaba ahogado de borracho, ni siquiera sentía que estaba lloviendo, pero eso sí, todo el tiempo me repetía:
-¡Muchacho, olvida a esa mujer, es mala, va a acabar contigo así como acabo con muchos de este maldito pueblo, olvidala muchacho!-
Llegamos a casa de Don Chuy, Doña Lupe lo esperaba sentada es el pórtico tapada con un jorongo muy bonito, y un rodillo en la mano. Así como le deje en el pórtico de la casa, Doña Lupe comenzó a regañar a Don Chuy, me dio las gracias y yo me retiré a mi casa.
No había ni un alma en la calle, los perros se ocultaban de la lluvia hechos ovillos en las puertas de las casas que tuvieran un pequeño cubo de resguardo. Camine despacio, total, ya estaba todo mojado. el olor a la tierra mojada siempre había sido de mi gusto, así que me deleite con ese fresco aroma que abundaba en la calle. Anduve por la avenida principal, deleitándome con el hermoso ritmo de la lluvia al caer, iluminado por los pocos faros de la calle, cuando en eso... La luz del pueblo se fue, todo quedo oscuro como la boca de un lobo. Mire en diferentes direcciones, pude ver pequeñas luces tildando en el interior de las casas, como si estuviesen prendiendo velas o chimeneas. No le di importancia a la oscuridad, seguí caminando, pues yo también tenía un poco de alcohol en la sangre.
Mientras iba caminando iba pensando en mi escrito, algunas cosas por cambiar, ideas interesantes porque normalmente en el estado decadente en el que me encontraba, uno se vuelve poeta y comienza a sacar pequeñas frases agradables para la vista... "Nunca lloverá tanto como lo que te he llorado", una frase que en mi cabeza se repetía y se repetía... Maldito alcohol, solo sirve para abrir heridas, solo revive las brazas de aquellos amores con los que he perdido la noción del tiempo en las cantinas.
Me detuve cerca de un poste de luz porque tenía muchas ganas de vomitar, doble mi cuerpo hacia adelante, la saliva era ya muy líquida y caliente, los músculos de mi mandíbula se tensaban y mi respiración comenzaba a sufrir espasmos. Finalmente vomite con mucha fuerza, al grado que mi estómago vacío ya no podía expulsar nada y aún así seguía haciendo esfuerzo por expulsar. Qué horrible sensación es esta del vómito... Me incorporé, limpie mi boca con la manga de mi saco y seguí caminando, los rayos que caían iluminaban la calle y me dejaban tener una noción del camino, cuando de pronto una voz gritando pude escuchar:
-¿Es usted Ariel Taneghem?-
-¿Quién lo busca?- Respondí mirando de lado, con un gran desconcierto en mi cabeza
La voz era masculina, al caer un rayo pude visualizar que a casi veinte metros de distancia frente a mí, un hombre de gabardina negra, sombrero oscuro y de estatura mediana se hallaba parado, haciéndome señas con el brazo izquierdo.
-¿Es usted Ariel Taneghem?- Volvió a preguntar el hombre
-¡No. Pero díganme quién lo busca, yo lo conozco!- Respondí
-¡Necesito hablar con Ariel Taneghem urgentemente, la cosa es de vida o muerte!- Dijo el hombre
Camine hasta donde el hombre se encontraba, se trataba de un ser extraño, tenía el rostro pálido, se cubría los ojos con el ala del sombrero, llevaba sus manos dentro de las bolsas de la gabardina, usaba botas militares y un pantalón negro que visualicé por debajo del borde inferior de la gabardina.
-¡Yo conozco a Ariel Taneghem, puedo mostrarle donde vive!- Dije con palabras un poco arrastradas por el alcohol
-¿Es usted su pariente?- Pregunto el hombre
-¡Sí, soy su primo, vivimos juntos en la casa de su padre, él posiblemente lo podrá atender en un momento!- Dije
Caminamos en silencio por lo largo de la calle, yo me tambaleaba y luchaba por sostener el paso correcto, hasta que al fin llegamos a la casa. Saqué mis llaves y entramos. El hombre se quedo parado al cruzar la puerta, no dijo nada, solo me miro. Yo fingiendo que le hablaría al tal Ariel Taneghem, camine hasta el estudio de mi padre, abrí la puerta y grité:
-¡Ariel te buscan!-
Obviamente sabía que se trataba de mí, que yo era Ariel Taneghem. Salí del estudio y le dije al hombre:
-¡Pues aquí no está, seguramente está durmiendo en uno de los cuartos!-
Camine hasta una de las recámaras, abrí la puerta y volvía a gritar. Al salir de la habitación para seguir con mi broma y decirle al hombre que tampoco estaba allí el tal Ariel Taneghem, me encontré con que ya no estaba el hombre, frente a mí parado frente a la puerta se hallaba parada la Coyota.
Me asusté muchísimo, hasta la borrachera se me bajo, retrocedí hasta topar con la pared, mis ojos abiertos como un par de faros de automóvil, las manos pegadas a la pared y el alma pendiendo de un hilo, no pude hacer más que aguantar la respiración.
La Coyota me miro a los ojos, sus ojos eran como dos llamas de fuego azul, hipnotizantes, tenaces, profundos y duros, comenzó a gruñir cual animal rabioso, y comenzó a acercarse poco a poco hacia mí.
A gran velocidad reaccioné y tome de mi cintura el machete de mi abuelo que llevaba enfundado en cuero. Lancé un machetazo sobre la Coyota pero esta solo metió la pata y el machete se disolvió en metal líquido, como si fuera mercurio. Se puso sobre las dos patas traseras y con sus dos patas delanteras me aprisionó por los hombros, acerco su cabeza a mi cara y siguió gruñendome, mirándome fríamente a los ojos, yo solo esquive su mirada, me dí cuenta de que la boca babeaba una saliva blanquecina y espesa, con mucha espuma, pensé que estaba rabiosa y que me mataría. Cerré mis ojos y aguanté la respiración, no quise ver mi muerte bajo las patas de aquel enorme animal. De pronto, su voz femenina se escucho por mi oído izquierdo diciendo:
-¡Yo Te Genta!-
Abrí los ojos de abrupto al escuchar sus palabras y me encontré sentado en el piso de mi casa, solo, las luces todas estaban encendidas, nunca había llovido, no había pasado nada, todo parecía como si hubiera sido un sueño, sin embargo, la puerta de la casa estaba abierta y las huellas del gran animal marcadas en el piso de barro.... ¿Todo fue un sueño, o sí habrá pasado?
Ariel Taneghem
