miércoles, 31 de marzo de 2010

La Oscuridad Cayó en el Pueblo

Llovía... Fue lo único que pude pensar para mi escrito mientras salía de la cantina llamada "Gitanerías", acompañando a Don Chuy, llevándolo a su casa pues estaba muy borracho y no podía caminar, llevaba un brazo de Don Chuy por encima de mis hombros y lo sostenía con mi otro brazo por la cintura para que no se me cayera, Don Chuy estaba ahogado de borracho, ni siquiera sentía que estaba lloviendo, pero eso sí, todo el tiempo me repetía:
-¡Muchacho, olvida a esa mujer, es mala, va a acabar contigo así como acabo con muchos de este maldito pueblo, olvidala muchacho!-
Llegamos a casa de Don Chuy, Doña Lupe lo esperaba sentada es el pórtico tapada con un jorongo muy bonito, y un rodillo en la mano. Así como le deje en el pórtico de la casa, Doña Lupe comenzó a regañar a Don Chuy, me dio las gracias y yo me retiré a mi casa.
No había ni un alma en la calle, los perros se ocultaban de la lluvia hechos ovillos en las puertas de las casas que tuvieran un pequeño cubo de resguardo. Camine despacio, total, ya estaba todo mojado. el olor a la tierra mojada siempre había sido de mi gusto, así que me deleite con ese fresco aroma que abundaba en la calle. Anduve por la avenida principal, deleitándome con el hermoso ritmo de la lluvia al caer, iluminado por los pocos faros de la calle, cuando en eso... La luz del pueblo se fue, todo quedo oscuro como la boca de un lobo. Mire en diferentes direcciones, pude ver pequeñas luces tildando en el interior de las casas, como si estuviesen prendiendo velas o chimeneas. No le di importancia a la oscuridad, seguí caminando, pues yo también tenía un poco de alcohol en la sangre.
Mientras iba caminando iba pensando en mi escrito, algunas cosas por cambiar, ideas interesantes porque normalmente en el estado decadente en el que me encontraba, uno se vuelve poeta y comienza a sacar pequeñas frases agradables para la vista... "Nunca lloverá tanto como lo que te he llorado", una frase que en mi cabeza se repetía y se repetía... Maldito alcohol, solo sirve para abrir heridas, solo revive las brazas de aquellos amores con los que he perdido la noción del tiempo en las cantinas.
Me detuve cerca de un poste de luz porque tenía muchas ganas de vomitar, doble mi cuerpo hacia adelante, la saliva era ya muy líquida y caliente, los músculos de mi mandíbula se tensaban y mi respiración comenzaba a sufrir espasmos. Finalmente vomite con mucha fuerza, al grado que mi estómago vacío ya no podía expulsar nada y aún así seguía haciendo esfuerzo por expulsar. Qué horrible sensación es esta del vómito... Me incorporé, limpie mi boca con la manga de mi saco y seguí caminando, los rayos que caían iluminaban la calle y me dejaban tener una noción del camino, cuando de pronto una voz gritando pude escuchar:
-¿Es usted Ariel Taneghem?-
-¿Quién lo busca?- Respondí mirando de lado, con un gran desconcierto en mi cabeza
La voz era masculina, al caer un rayo pude visualizar que a casi veinte metros de distancia frente a mí, un hombre de gabardina negra, sombrero oscuro y de estatura mediana se hallaba parado, haciéndome señas con el brazo izquierdo.
-¿Es usted Ariel Taneghem?- Volvió a preguntar el hombre
-¡No. Pero díganme quién lo busca, yo lo conozco!- Respondí
-¡Necesito hablar con Ariel Taneghem urgentemente, la cosa es de vida o muerte!- Dijo el hombre
Camine hasta donde el hombre se encontraba, se trataba de un ser extraño, tenía el rostro pálido, se cubría los ojos con el ala del sombrero, llevaba sus manos dentro de las bolsas de la gabardina, usaba botas militares y un pantalón negro que visualicé por debajo del borde inferior de la gabardina.
-¡Yo conozco a Ariel Taneghem, puedo mostrarle donde vive!- Dije con palabras un poco arrastradas por el alcohol
-¿Es usted su pariente?- Pregunto el hombre
-¡Sí, soy su primo, vivimos juntos en la casa de su padre, él posiblemente lo podrá atender en un momento!- Dije
Caminamos en silencio por lo largo de la calle, yo me tambaleaba y luchaba por sostener el paso correcto, hasta que al fin llegamos a la casa. Saqué mis llaves y entramos. El hombre se quedo parado al cruzar la puerta, no dijo nada, solo me miro. Yo fingiendo que le hablaría al tal Ariel Taneghem, camine hasta el estudio de mi padre, abrí la puerta y grité:
-¡Ariel te buscan!-
Obviamente sabía que se trataba de mí, que yo era Ariel Taneghem. Salí del estudio y le dije al hombre:
-¡Pues aquí no está, seguramente está durmiendo en uno de los cuartos!-
Camine hasta una de las recámaras, abrí la puerta y volvía a gritar. Al salir de la habitación para seguir con mi broma y decirle al hombre que tampoco estaba allí el tal Ariel Taneghem, me encontré con que ya no estaba el hombre, frente a mí parado frente a la puerta se hallaba parada la Coyota.
Me asusté muchísimo, hasta la borrachera se me bajo, retrocedí hasta topar con la pared, mis ojos abiertos como un par de faros de automóvil, las manos pegadas a la pared y el alma pendiendo de un hilo, no pude hacer más que aguantar la respiración.
La Coyota me miro a los ojos, sus ojos eran como dos llamas de fuego azul, hipnotizantes, tenaces, profundos y duros, comenzó a gruñir cual animal rabioso, y comenzó a acercarse poco a poco hacia mí.
A gran velocidad reaccioné y tome de mi cintura el machete de mi abuelo que llevaba enfundado en cuero. Lancé un machetazo sobre la Coyota pero esta solo metió la pata y el machete se disolvió en metal líquido, como si fuera mercurio. Se puso sobre las dos patas traseras y con sus dos patas delanteras me aprisionó por los hombros, acerco su cabeza a mi cara y siguió gruñendome, mirándome fríamente a los ojos, yo solo esquive su mirada, me dí cuenta de que la boca babeaba una saliva blanquecina y espesa, con mucha espuma, pensé que estaba rabiosa y que me mataría. Cerré mis ojos y aguanté la respiración, no quise ver mi muerte bajo las patas de aquel enorme animal. De pronto, su voz femenina se escucho por mi oído izquierdo diciendo:
Yo Te Genta!-
Abrí los ojos de abrupto al escuchar sus palabras y me encontré sentado en el piso de mi casa, solo, las luces todas estaban encendidas, nunca había llovido, no había pasado nada, todo parecía como si hubiera sido un sueño, sin embargo, la puerta de la casa estaba abierta y las huellas del gran animal marcadas en el piso de barro.... ¿Todo fue un sueño, o sí habrá pasado?


Ariel Taneghem

jueves, 25 de marzo de 2010

Una Mujer del Pueblo II

Estuve toda la noche dando vueltas en mi alcoba, no hallaba ideas en mi mente que me permitieran continuar con mi escrito, tantos cigarros y tanto café en mi cuerpo no me dejaban llegar más allá del límite de los sueños, pero sobre todo, en mi mente se ubicaba la imagen de la tal Teresu, la mujer que me había encontrado en el camino, en el mercado y la misma de la que Yac me hablo de su vida. Estaba pensando sobre esa mujer cuando de pronto, en la sala de la casa escuche el ruido de un cuerpo muy grande que se movía entre los muebles, era como un andar con sigilo que me estremeció de los pies a la cabeza, sentí el miedo correr como miles de hormigas en mi espalda, apague la luz del cuarto y guarde silencio, pegué mi oreja a la puerta para escuchar lo que pasaba allí afuera, en la estancia de mi casa.
Escuche las enormes garras de la Coyota rayando el piso, caminaba en dirección de mi alcoba lentamente, pero también retadoramente, parecía como si la Coyota supiera que yo estaba detrás de la puerta escuchando todos sus movimientos. Me di cuenta de que el gran animal yacía a unos centímetros de mi puerta cuando escuche que me estaba gruñiendo con toda su rabia.
Me puse frío, estoy seguro que de haberme visto en un espejo yo ya era transparente, no quería moverme para nada, sabía que al más mínimo movimiento la Coyota destruiría mi puerta de un solo garrazo y me mataría.
Por debajo del filo de la puerta, una luz azulosa entraba, yo sabía perfectamente que se trataban de los ojos de éste animal, el miedo me tenía paralizado, el sudor en mi frente simulaba las cataratas del Niágara, mi labio inferior vibraba más que los tímpanos de un murciélago y mi cuerpo frío y mudo emitía aquel olor de la adrenalina procesada. Mi respiración era similar a la de un conejo asustado, los vellos de mi cuerpo eran como las espinas en un nopal, pero mi mente... Mi mente estaba quieta, algo en mi interior me decía que la Coyota no era mala, mi corazón se había tranquilizado y el gruñido dejo de sonar, la luz debajo de mi puerta aumentó de intensidad y una voz femenina de tono bellísimo se escuchó diciendo:
Espero restando a Yoveta!-
No dije nada, no pensé en sus palabras, no quise hacer nada, solo quería que la Coyota se fuera, tenía mucho miedo, no sabía qué hacer.
De pronto, la Coyota comenzó a rascar la puerta, como si quisiera echarla abajo, gruño un poco más y de pronto con un fuerte golpe la puerta se vino abajo...
Abrí los ojos de abrupto, estaba todo alterado...
Me había quedado dormido de nuevo en el escritorio de mi alcoba... Era una pesadilla otra vez... Lo curioso era que la puerta de la alcoba se hallaba en el suelo, toda arañada...


Ariel Taneghem

lunes, 22 de marzo de 2010

Una Mujer del Pueblo

La vi a la distancia, caminaba lentamente cargando sobre sus hombros una larga vara en la cual llevaba dos cubos de agua en cada extremo. Yo estaba sentado a un lado del camino, en la sombra de un árbol, hacia anotaciones para mi nuevo escrito, y fue que la vi mientras escribía.

Ella era morena muy clara, casi blanca, su cabello era corto hasta la barbilla, vestía una blusa blanca de manta con escote cuadrado y muy discreto, una falda azul por debajo de las rodillas y unos huaraches cafés.

Ella caminaba bajo el sol, su frente mostraba gotas de sudor, el sol era bastante abrumador, molestaba hasta en los ojos. Ella paso a un lado de mi y sin voltearme a mirar dijo:



-¿No eres de por aquí, verdad?-

-¡No!- Respondí cortadamente

-¡Ya veo, se nota por tu ropa y aspecto!-

-¿Qué tiene mi ropa y aspecto?- Pregunte un poco molesto aunque maravillado por la belleza de aquella mujer

-¡Nada en especial, eso es lo que te delata, y nos dice a la gente de aquí que no perteneces a este lugar!- Dijo ella deteniéndose un poco adelante de mí.

-¡Yo nací aquí, qué es lo que le hace creer que no soy de aquí!- Dije

-¡Podrás ser de cualquier parte, pero si no vives ese lugar entonces no eres parte de él, aunque hayas nacido en el lugar mismo si tú quieres!-



No dije nada más, menee la cabeza de lado a lado y me concentre en mis anotaciones, al levantar la cabeza después de dos segundos de haber agachado la mirada y dejar de ver a la mujer, cuando regrese la mirada ella ya no estaba. No le di importancia, quizá se había escondido por allí, o tal vez tomo otro rumbo.



Después de varias horas de trabajo regrese a mi casa, pero antes, fui al mercado para comprar comida. Al pasar por el puesto de Don Chuy y de doña Lupe, se me antojaron unos trozos de cecina, acompañada de cebolla frita y una salsa borracha. Al estar comprando las cosas, la mujer del camino se me acerco para decirme algo en el oído:



"Abusiva Guru , Resquebrajamiento Almohadazo"



Yo voltee a verle un instante, desconsertado por las palabras sin sentido que me decía. La mujer me miro a los ojos, me sonrió y se fue muy rápido, perdiéndose entre la gente de los pasillos del mercado.



-¡Tenga cuidado joven, todos los que se rosan con esa mujer, normalmente salen lastimados eh!- Dijo Don Chuy mientras cortaba la cecina.



Yo no dije nada, solo mire en dirección de la mujer que se perdía. Pague mis compras y me fui. Antes de salir del mercado, una joven de un puesto de comida rápida se me acerco, su nombre era Yac y me dijo:



Toca, Ay Sol Yoyo!-



-¿Perdón, Yac qué quiere decir eso?- Dije



La joven Yac me miro con desconcierto y repitió sus palabras:



-¿No va a querer tacos?-

-¡No gracias Yac, hoy como en mi casa!- Dije



A Yac la mando a llamar su padre con un fuerte grito y alcanzó a preguntarme que si podía ir a verme después del mercado, yo le dije que si, que no había ningún problema y Yac se fue a seguir trabajando.



Al llegar a casa me sentía un poco extraño, tenía alguna especie de pesadez en la espalda que me impedía estar a gusto conmigo mismo. Prepare mi comida y me fui a tomar una siesta.

Mientras dormía la mujer del camino se apareció en mis sueños diciéndome:



"Todo es por este rebuscamiento o arreo"



Desperté de golpe debido a que golpeaban la puerta con fuerza. Me levante, acomode mi cabello y salí a ver quién era. Al abrir la puerta se traba de Yac, la jovencita del mercado de la comida corrida. Me saludo y entro a la casa. A gran velocidad entro a ver los libros y todas las cosas que yo hacía, era como una incansable búsqueda por saber algo, cualquier cosa pero algo. Yac era una joven de estatura mediana, morena claro, ojos cafés, cabello castaño y a la barbilla, muy inquieta y llena de preguntas, como si quisiera saber todo y para qué era ese todo. Platicamos un rato y le serví un café, guardamos silencio unos minutos hasta que le pregunte:



-¿Quién es esa mujer en el mercado Yac, qué quiere?-

-¡Esa mujer se llama Teresu, es rara, no se le ve muy a menudo, es más, es la primera vez que se deja ver en lo que lleva del año, siempre está encerrada en su choza, no sabemos si come o si hace algo más, solo se le ve en raras ocasiones y eso es cuando va por agua, es muy fuerte, puede cargar dos cubos en cada extremo!- Dijo Yac



-¿Por qué te dicen Yac?- Pregunte
-¡Porque me llamo Vania Doofek Yacoto!- Respondió
-¿Cómo puede alguien de aquí llamarse así?- Dije asombrado
-¡Es porque conoces a muy pocos en este pueblo!- Dijo
-¡Oye Yac, y... Tú sabes quién es la Coyota!- Dije

En ese momento a Yac las manos le empezaron a temblar, no pudo disimular su asombro, agacho la mirada con miedo y dijo en voz baja:

-¡A mí esos temas me dan miedo, yo no sé quién sea esa mujer, pero mucha gente de aquí dice que la ha visto rondando por el pueblo, buscando la venganza para quienes la quemaron y para el hombre que la delato!-

Guarde silencio, la mire detenidamente, ella era una muchachita sin malicia, llena de inocencia que al parecer al hablar de estos temas, todavía el clero le amenazaba con el castigo del infierno.

-¡Me temo que ya es hora de irme, mi papá no me deja estar afuera de la casa tanto tiempo y ya va a anochecer!- Dijo Yac

Ella dejo la taza de café en la mesa, no la toco, el café estaba frío y la taza intacta, se puso de pie a gran velocidad, tomo su chamarra y se fue...

Continuara...



Ariel Taneghem








martes, 16 de marzo de 2010

Le Leyenda de la Coyota

Cuando era niño llegue con mi madre a vivir a la capital, era bastante difícil poder dejar todo lo que me rodeaba antes, ahora todo era ruidoso y muy agitado. Recuerdo que cuando me iba a la cama, mamá siempre me contaba historias, una día me contó una sobre una mujer que se convertía en coyota y entraba a las casas a robar, esa en particular siempre fue una de mis historias favoritas, me impresionaba la idea de que alguien se pudiera convertir en un animal y poder hacer tantas cosas. Mi madre también me contó que a esa mujer la quemo la gente del pueblo pero que jamás hallaron sus restos.
Voy en un autobús camino a mi pueblo natal, no he podido escribir en días, quizá un poco de aire fresco y lentitud me aclaren las ideas.
La casa de mi madre en el pueblo es típica, los muebles están cubiertos con sabanas blancas para evitar el polvo. Hay una habitación que servía como estudio, allí las horas pueden pasar y las ideas siempre están frescas.
Entre a la casa, limpie un poco y me recoste a tomar una siesta. Por la tarde salí a comer al mercado cercano y regrese al estudio para ponerme a escribir.
Yo tenía razón el lugar me abrió la mente, la gente, la calle, el suelo empedrado, aquella iglesia lúgubre y rara, todo era estupendo. Mi casa olía a tierra húmeda, el café de olla me deleito con su sabor.
Seguí trabajando hasta noche en mi ensayo, pero al estar más concentrado un ruido en la estancia llamo mi atención, tome el revolver de mi padre y con mucho sigilo abrí la puerta para asomarme. He allí lo que nunca me había esperado, la puerta del refrigerador estaba abierta y frente a mis ojos una coyota parada solamente en sus patas traseras hurgando para robarse el queso. Salí de abrupto para asustar al animal, pero en mi intento fallido solo pude armar un escandalo y lograr que la coyota me encarara y comenzara a gruñirme.
Sin piedad alguna jale del gatillo del revolver pero vaya sorpresa que me lleve. La bala estaba detenida en el aire, girando a gran velocidad sobre su eje. No supe qué hacer, tome un florero cercano a mí y lo arroje sobre el animal, pero el florero no le pudo lastimar ya que éste también ahora se sostenía en el aire.
La coyota se puso en sus cuatro patas y camino lentamente hacia mí, por alguna razón extraña yo me encontraba paralizado, mi corazón latía a mil por hora y mi cuerpo entero sudaba, mi voz se había extinguido como un cerillo encendido y mis ojos fijos en los del animal me indicaron que iba a morir.
La coyota llego a un metro de mí y se paro en sus dos patas traseras...
-¿Qué puedes hacerme con una bala y un florero?- Dijo la Coyota con voz femenina
-¡No lo sé, solo quería espantarte!- Dije con la voz cortada
-¡Espantarme, eso siempre quieren hacer los hombres, sus armas ya no espantan a nadie, todos cargan un arma, hasta los niños, qué podrías hacerme con eso, no puedes hacerme nada, la bala quedo en el aire, el florero quedo en el aire, ya te diste cuenta que no puedes hacerme daño con ese tipo de cosas!- Dijo burlonamente la Coyota
-¡Lo siento mucho, pero no es muy normal ver en una casa a un animal que entra a robar queso por las noches!- Dije
-¡No es muy normal ver a un hombre hablando con animales, tampoco es muy normal ver a un hombre de ciudad en un pueblo tratando de encontrarse a sí mismo, no es muy normal que los hombres solitarios busquen despiadadamente su corazón en viejos rincones del mundo!- Dijo la Coyota
-¡Qué quieres que te diga, no sería normal que una coyota entendiera mi lenguaje, o que entendiera mis razones!- Dije
-¡El queso lo robo porque está en rebanadas, no robo quesos completos, solo el rebanado, si te das cuenta el queso lo hacen de la leche que da la vaca, y si lo vieras objetivamente, el queso es el alimento que se hace con el alimento que ofrece una madre a su crío, son dos alimentos en uno, queso y leche, así ya no tendría que comer dos veces, sino que me llevaría a la boca el queso que se hace con leche y el alimento que ofrece una madre al crío!- Dijo la Coyota
-¡Disculpa pero eso no tiene nada de objetivo, el queso está hecho de leche, no son dos alimentos al mismo tiempo, es solo leche procesada!- Dije
-¿Y así te llamas escritor? -¡Eso no tiene nada de objetivo, el escritor jamás debe ser objetivo, el escritor fabrica escenas, vidas, muertes, amores, deseos, lugares extraños, países, planetas, cosas raras, nombres, raros gente ficticia, jamás podría pensar objetivamente porque entonces dejaría de ser escritor para convertirse en crítico, los escritores usan la magia que tienen para llevar a otros a lugares o a situaciones jamás imaginadas, si el escritor fuera objetivo hablaría de una ciudad como de la que vienes, y ese tipo de lecturas no dan ganas de leerlas porque de donde vienes es un lugar gris, vacío, triste y peligroso, qué de apetecible tendría que leyeras algo del lugar al que perteneces!- Dijo la Coyota
-¡Lo siento pero muchos escritores han escrito sobre el lugar de donde vengo y son muy buenas obras!- Dije
-¡Si, escriben del lugar de donde vienes, pero las historias son sobre cosas fictícias, sobre romances ahogados, o asesinos despiadados, o hablan de prostitutas en lugares sucios, o de niños modernos o de mujeres post-modernas, o de autos y aviones o de vidas olvidadas, o de zonas encontradas y fantasmas errantes, es de eso lo que hablan, jamás verás una historia de ciudad que hable de una coyota que entra a las casas a robar queso!- Dijo la Coyota
No supe qué decir, guarde silencio y baje la mirada, la Coyota camino despacio hacia mí y puso sus patas delanteras sobre mis hombros, sus ojos brillaban como dos llamas azules, se acercó lentamente a mi oído y me hablo:
-¡Escríbeme una canción de cuna, algo que me deje dormir a tu lado, porque el día en que te vayas no te llevarás nada contigo, solo una parte del queso que te he robado porque en este queso que robo deposito la esperanza de encontrar a aquel que una noche me delato, me entrego a los hombres y bajo el fuego mato a mi amor, ahora vivo constantemente buscando hallar a la persona que al comer el queso que dejo, pueda encontrar mi corazón!-
No pude pensar en algo más, frente a mí la mujer de la leyenda se posaba, en sus ojos Le Vi Menesteroso Tiro, quise quitarme de inmediato, alejarme de ella para siempre...
Desperté de abrupto, me hallaba sobre el escritorio de mi padre, mire en todas direcciones, mi respiración agitada me confirmaba una mala pesadilla, pero al mirar de nuevo hacia mi derecha, vi un pedazo de queso y la huella plasmada de una coyota, la cual estuvo allí para embrujarme....
Ariel Taneghem

miércoles, 10 de marzo de 2010

Te Embarque en la Luna Para Dar la Vuelta al Mundo

Por fin pude meterme en la cama después de cerrar todos mis libros, ella dormía mirando en dirección de la ventana, mostrando hacia mí, su espalda desnuda, su cadera se cubría con las sábanas como si éstas fueran custodiadas por las faldas de una montaña. Tan solo pude mirar la afilada curvatura de su columna vertebral que se hundía sobre su espalda baja y comencé a sudar como una vela encendida. Tragué un poco de saliva, mis manos temblaban llenas de temor y a gran velocidad se bañaban con agua. Ella dormía plácidamente, su cuerpo se movía como barco en el malecón, era su respiración la que daba éste efécto, qué gran dilema para un hombre como yo tener que mirar estos espectáculos, qué tenía que hacer para romper con mis dos premisas. Por un lado mi Coyota dormía plácidamente a un lado de mí sobre la cama, y por otro lado los monstruos de mi pasado se escondían en el armario para cantarme canciones de cuna. ¿A cuál de los dos caminos tenía que ir?... Tras aplastar mi conciencia junto con el cigarrillo en el cenicero, me dí media vuelta y abracé a mi Coyota. Deje que su respiración me inflara como un gran globo aerostático, lentamente una sensación de ligereza me hizo subir y subir hasta salir por el techo de la casa, mire un poco hacia abajo pero al darme cuenta de la altura, me aferre al cuerpo de la Coyota para no caer, tenía miedo, no toleraba que ella siempre hiciera este tipo de hazañas. Apreté fuertemente mis ojos, temía porque mis manos sudorosas en cualquier momento resbalarían y me iría hacia abajo, qué tenía que hacer yo, un hombre aburrido y sin futuro aferrado al cuerpo de una bruja, pero soy necio y los necios normalmente siempre llegan lejos. Lamentablemente yo siempre he sido un necio y un tonto porque nunca supe a dónde me dirigía...
El calor de la atmósfera comenzó a quemar mi cuerpo, apreté mis dientes y los hice crujir para evitar gritar y despertarla con mi poca hombría, sin embargo ella lo notó, abrió ligeramente un ojo, solo dejo ver un pequeño filo de luz en su interior y una burbuja de sal cubrió mi cuerpo, admito que los vellos de mi pecho iban muy quemados y olían mal, pero eso a ella no le importo, se delimito a dormir y a seguir dándome la espalda, yo seguía con los ojos cerrados, la altura me provocaba náuseas, de abrupto sentí que mi cuerpo se hallaba recargado en algo, abrí los ojos con rapidez y me vi acostado en la luna, qué triste es mirar al planeta tierra desde afuera, es un sentimiento similar al que se produce cuando un día por fin, dejamos casa. El mundo desde afuera es diferente, se ve tan azul y tan solo que la proyección personal abundó en mi pecho. La Coyota se hallaba de pie, se cubría con la sábana el cuerpo desnudo, se comportaba como cuando alguien sale de bañarse y se cubre con la toalla y corre para vestirse. Yo la admire unos momentos, me sentía afortunado, sus ojos tristes penetraban el universo con mucha suavidad, su mano izquierda, la cual estaba libre, tejía a gran velocidad palabras y versos que eran al miso tiempo arrastrados por las corrientes cósmicas, alcé mi mano y atrape un poco de polvo de estrellas, lo molí en mi mano y con uno de mis dedos tome un poco de ese polvo y pinte los párpados superiores de sus ojos tristes, la Coyota me sonrió y me señalo el sol, aquel coloso blanquecino me impidió mirarlo con celo, lo sentí más amenazante y me voltee.
-¡Ven amor mío, quítame la sábana y amarra cada extremo de ella en un cráter de la luna, deja que las corrientes cósmicas, nos lleven a zarpar a toda velocidad y déjame llevarte a dar la vuelta al mundo, aquí es siempre de noche, pronto el frío vendrá y congelará tus recuerdos, mira tu casa desde aquí y cántame una canción porque tengo sueño!- Dijo la Coyota y se recosto.
Yo obediente hice todo lo que me dijo, pero el tonto de mí, no se fijo que al ir dando unos pasos hacia atrás, tropecé con el ala de un cráter y antes de tocar el piso desperté...
Abrí los ojos para darme cuenta de que me había dormido sobre mi escritorio, camine hasta mi alcoba para darme cuenta de que todo este tiempo, siempre he estado solo, con mi bolígrafo, unas hojas sueltas que pronto el viento arrastrará o un triste barredor recojerá y las historias de mi Coyota... "Qué feo es alzar la vista hacia la luna y saber que duermes allí, y yo aquí en el mundo debo seguir escribiendo para construir una escalera de papel con las hojas sueltas y al fin poder estar juntos"...
Ariel Taneghem