miércoles, 10 de marzo de 2010

Te Embarque en la Luna Para Dar la Vuelta al Mundo

Por fin pude meterme en la cama después de cerrar todos mis libros, ella dormía mirando en dirección de la ventana, mostrando hacia mí, su espalda desnuda, su cadera se cubría con las sábanas como si éstas fueran custodiadas por las faldas de una montaña. Tan solo pude mirar la afilada curvatura de su columna vertebral que se hundía sobre su espalda baja y comencé a sudar como una vela encendida. Tragué un poco de saliva, mis manos temblaban llenas de temor y a gran velocidad se bañaban con agua. Ella dormía plácidamente, su cuerpo se movía como barco en el malecón, era su respiración la que daba éste efécto, qué gran dilema para un hombre como yo tener que mirar estos espectáculos, qué tenía que hacer para romper con mis dos premisas. Por un lado mi Coyota dormía plácidamente a un lado de mí sobre la cama, y por otro lado los monstruos de mi pasado se escondían en el armario para cantarme canciones de cuna. ¿A cuál de los dos caminos tenía que ir?... Tras aplastar mi conciencia junto con el cigarrillo en el cenicero, me dí media vuelta y abracé a mi Coyota. Deje que su respiración me inflara como un gran globo aerostático, lentamente una sensación de ligereza me hizo subir y subir hasta salir por el techo de la casa, mire un poco hacia abajo pero al darme cuenta de la altura, me aferre al cuerpo de la Coyota para no caer, tenía miedo, no toleraba que ella siempre hiciera este tipo de hazañas. Apreté fuertemente mis ojos, temía porque mis manos sudorosas en cualquier momento resbalarían y me iría hacia abajo, qué tenía que hacer yo, un hombre aburrido y sin futuro aferrado al cuerpo de una bruja, pero soy necio y los necios normalmente siempre llegan lejos. Lamentablemente yo siempre he sido un necio y un tonto porque nunca supe a dónde me dirigía...
El calor de la atmósfera comenzó a quemar mi cuerpo, apreté mis dientes y los hice crujir para evitar gritar y despertarla con mi poca hombría, sin embargo ella lo notó, abrió ligeramente un ojo, solo dejo ver un pequeño filo de luz en su interior y una burbuja de sal cubrió mi cuerpo, admito que los vellos de mi pecho iban muy quemados y olían mal, pero eso a ella no le importo, se delimito a dormir y a seguir dándome la espalda, yo seguía con los ojos cerrados, la altura me provocaba náuseas, de abrupto sentí que mi cuerpo se hallaba recargado en algo, abrí los ojos con rapidez y me vi acostado en la luna, qué triste es mirar al planeta tierra desde afuera, es un sentimiento similar al que se produce cuando un día por fin, dejamos casa. El mundo desde afuera es diferente, se ve tan azul y tan solo que la proyección personal abundó en mi pecho. La Coyota se hallaba de pie, se cubría con la sábana el cuerpo desnudo, se comportaba como cuando alguien sale de bañarse y se cubre con la toalla y corre para vestirse. Yo la admire unos momentos, me sentía afortunado, sus ojos tristes penetraban el universo con mucha suavidad, su mano izquierda, la cual estaba libre, tejía a gran velocidad palabras y versos que eran al miso tiempo arrastrados por las corrientes cósmicas, alcé mi mano y atrape un poco de polvo de estrellas, lo molí en mi mano y con uno de mis dedos tome un poco de ese polvo y pinte los párpados superiores de sus ojos tristes, la Coyota me sonrió y me señalo el sol, aquel coloso blanquecino me impidió mirarlo con celo, lo sentí más amenazante y me voltee.
-¡Ven amor mío, quítame la sábana y amarra cada extremo de ella en un cráter de la luna, deja que las corrientes cósmicas, nos lleven a zarpar a toda velocidad y déjame llevarte a dar la vuelta al mundo, aquí es siempre de noche, pronto el frío vendrá y congelará tus recuerdos, mira tu casa desde aquí y cántame una canción porque tengo sueño!- Dijo la Coyota y se recosto.
Yo obediente hice todo lo que me dijo, pero el tonto de mí, no se fijo que al ir dando unos pasos hacia atrás, tropecé con el ala de un cráter y antes de tocar el piso desperté...
Abrí los ojos para darme cuenta de que me había dormido sobre mi escritorio, camine hasta mi alcoba para darme cuenta de que todo este tiempo, siempre he estado solo, con mi bolígrafo, unas hojas sueltas que pronto el viento arrastrará o un triste barredor recojerá y las historias de mi Coyota... "Qué feo es alzar la vista hacia la luna y saber que duermes allí, y yo aquí en el mundo debo seguir escribiendo para construir una escalera de papel con las hojas sueltas y al fin poder estar juntos"...
Ariel Taneghem

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